Se fueron a las manos, o mejor dicho, doña Lourdes Alcorta se fue de manos, porque el congresista Mulder, todo un caballero fue incapaz de levantarle la mano a una dama. Todo empezó cuando ambos coincidieron en el Hall de los Pasos Perdidos y se saludaron cordialmente como siempre. En ese preciso momento, al verlos juntos, los periodistas destacados en la sede del Poder Legislativo se abalanzaron sobre ambos para preguntarles por el asunto de la reimplantación de la pena de muerte, para lo cual tanto la Dra. Alcorta como el gobierno han presentado sendos proyectos de reforma constitucional.
Pronto la improvisada conferencia devino en una acre polémica entre ambos congresistas.
-Yo presente primero mi proyecto de ley. Ahí está todo claro y no hay nada más que añadir.
-Perdón, Dra. –replicó Mulder- pero el proyecto del gobierno es mejor que el suyo, y, por lo tanto, es el que debe discutirse...
-¿Y por qué? –le respondió doña Lourdes, cuyos ojos empezaban a encenderse de furia- ¿Sólo porque lo redactó tu jefe Alan? ¡Fuéra de aca!
- Nuestro proyecto ha sido elaborado por un equipo interdisciplinario de juristas y asesores. Si el suyo lo ha hecho usted solita, puede que esté mal porque nadie lo revisó ni lo discutió.
-¡Oiga! ¿Me está diciendo que soy una incapaz? ¿Quiere que le enseñe mi currículum?
-¡No, por favor! Acabo de almorzar...
-¿Qué has dicho so pedazo de huevón? Para que sepas, yo también cuento con un equipo de juristas que han trabajado el tema.
-¿De dónde? Si por austeridad hemos reducido el número de asesores destinados a cada Congresista.
-¡Son gente que ha colaborado ad honorem en defensa de la niñez del Perú!
-¿Trabajaron gratis? Les sobrará la plata pues. Ya ven –dijo Mulder dirigiéndose a la prensa- el proyecto de la Dra. Alcorta es el proyecto de ley de los ricos. En cambio, el proyecto del gobierno es el proyecto de los pobres y, por lo tanto, el que debe ser aprobado.
-¡Déjate de idioteces, Mulder! Yo presenté primero mi proyecto de ley y ustedes lo único que hicieron fue subirse al carro porque ustedes lo quieren hacer todo, no quieren que nadie les gane la iniciativa.
-Nuestro proyecto no es ninguna improvisación para subirse al carro, como dices. Forma parte de nuestro plan de gobierno. Tu proyecto es ocurrencia tuya y nada más que tuya, porque tu jefa y tocaya ya ha dicho que está en contra.
-¡Yo lo anuncié en mi campaña! ¡Ustedes se copiaron sólo para quitarle puntos a Lulú!
-Falso, completamente falso. Pero lo que sí es verdad, es que el pleno va a discutir el proyecto enviado por el Ejecutivo porque el tuyo es una porquería.
Y ni bien, terminó Mauricio Mulder de decir esto, la congresista Lourdes Alcorta se lanzó sobre él y empezó a propinarle repetidos puñetazos. Mulder, entonces, empezó a dar gritos de auxilio ante la multitud de periodistas que pugnaban por no perderse ni un detalle de la masacre. “¡Auxilio! ¡Ayúdenme!” gritaba el congresista de la estrella, que empezaba a verlas en masa. Al ver que se aproximaba su correligionaria Luciana León, la llamó “¡Luciana! ¡Luciana! Ayúdame, haz algo, sácame a esta loca de encima!” “¡Ay, Mauricio! ¿Y adónde le pego?” Y mientras Lucianita se devanaba los sesos para encontrarle solución a tan difícil asunto, la doctora Ley intentó separarlos, pero salió despedida tras un poderoso golpe al mentón propinado por la Dra. Alcorta. Los miembros de seguridad del Congreso tampoco pudieron hacer nada, ya que al primer intento, rodaron por los suelos como pinos de bowling. Hubo que buscar a la congresista nacionalista Nancy Obregón que, asistida por sus fieros escoltas, logró por fin separar a Mulder y a Lourdes Alcorta. Ésta, sin embargo, no se calmó, y cuando la seguridad de la congresista Obregón la arrastraba rumbo a su oficina, doña Lourdes le gritó a Mulder:
- ¡Ya vas a ver, maldito!...¡ T-E--V-O-Y—A—M-A-T-A-RRRRRRR....!