Nicolás Yerovi dijo alguna vez (el año pasado) que la principal competencia de un humorista no era otro humorista sino los políticos.Y el acontecer político de las últimas semanas no ha hecho otra cosa que darle la razón una vez más, haciéndonos a nosotros padecer aún más la realidad, y de manera particular. En un país lleno de dificultades y problemas, causados y agudizados por la incompetencia y la viveza de la clase política, tuvimos que aguantar, encima de todo, el que los políticos nos dejen sin palabras y sin historias.
El inventario de disparates, tanto del oficialismo como de la oposición, es harto conocido y no necesitamos repetirlo aquí. Un barco que se hunde, mientras los marineros se pelean por los galones de un capitán incompetente. La reciente sesión del pleno del Congreso para debatir el informe de la Comisión Villanueva parecía haber salido de la pluma de un Guille o de un Aldo Vega, en los mejores tiempos de Risas y Salsa. Y esto no es ningún merito.
En el fondo, la situación es patética, porque no juegan con utilería: lo hacen con el país. Pero como me dijeron ciertos amigos resignados a su suerte: lo único que nos queda es reírnos. Después de todo, la risa es salud. Amargarnos sólo nos enferma.