Cuando Michael Jackson y sus fans sonreían aliviados, gracias al veredicto del jurado de la Corte donde se le procesaba por presunto abuso sexual contra menores, el destino, encarnado en un indignado padre de familia, se encargó de sellar con un halo de tragedia la vida del otrora "rey del pop".
Todo ocurrió en las cercanías de su propiedad de Neverland, a cuyas puertas se manifestaban numerosos padres de familia, entre ellos los progenitores de las presuntas víctimas de Jackson. Concentrándose con inusitada rapidez, la multitud cerró el paso de la entrada a Neverland precisamente cuando el cantante se dirigía a una clínica local para cierto tratamiento dermatológico que no se detalló.
El personal de Neverland llamó a la policía, pero ésta apenas pudo mandar a un patrullero, ya que en esos precisos momentos un grupo de delincuentes, en el intento de asaltar un banco en plena hora de atención al público, había tomado gran número de rehenes y amenazaba con matarlos.
Uno de los oficiales intentó negociar con los manifestantes, pero éstos se negaron a despejar el lugar. Mientras tanto, la desesperación se iba apoderando de Jackson: al parecer, el "tratamiento dermatológico" era de suma urgencia
Jackson, entonces, pensando que podría evadirse a pie, quiso aprovechar que la multitud se hallaba distraída negociando con los oficiales, y bajó sigilosamente de su limosina. Sin embargo, cuando, escoltado por dos guardaespaldas disfrazados de jardineros, se dirigía a un taxi ubicado en las cercanías, fue descubierto por la multitud.
Los policías y el personal de servicio de Jackson consiguieron formar una muralla humana que detuvo a los manifestantes; sin embargo, no pudieron evitar que un padre de familia le lanzase un huevo a Jackson. El huevo, esquivando los paraguas con los que los guardaespaldas intentaban proteger al artista, impactó en la cara de éste.
La cáscara del huevo, al quebrarse, le hizo a Jackson un profundo corte en el rostro, a través del cual empezó a desangrarse. Un guardaespaldas intentó paliar el asunto con un torniquete en el cuello, pero tuvo que desistir al ver que Jackson se asfixiaba. El cantante necesitaba ayuda médica de emergencia, pero en ese mismo momento el taxista que lo esperaba, temiendo que la turba pudiese atacar también su vehículo, arrancó y se fue del lugar a toda velocidad. Volver a la limosina ya no era posible.
La sangre corría a raudales. Sin embargo, la clara y la yema también se habían derramado, de tal manera que, a los pocos segundos de haber entrado en contacto con la piel de Jackson, se empezó a producir una reacción química que empezó a quemar y consumir al cantante, no sólo por fuera, sino también por dentro, ya que la clara y el huevo también se introdujeron en el organismo de Jackson a través de la herida.
Michael Jackson se agitaba lanzando desgarradores gritos de dolor, y un humo denso y maloliente empezó a esparcirse. Los padres de familia presentes, temiendo que la humareda pudiese contener gases venenosos, emprendieron la fuga. Los empleados de Jackson intentaron llevarlo a la limosina, pero fue imposible porque el cantante se les deshacía entre las manos.
Finalmente, llegaron una ambulancia y docenas de patrullas de la policía: los asaltantes del banco habían liberado a sus rehenes sin necesidad de acceder a condición alguna. Pero para Jackson ya era demasiado tarde: en el suelo yacían su ropa chamuscada, sus lentes oscuros deshechos, su sombrero medio consumido y un extraño polvillo café.