Javier Puente Valdivia - Unidad de investigación

Todos conocemos el caso Lay Fun. Actualmente el noble y empeñoso empleado canino se debate entre la heroicidad y las acusaciones de asesinato premeditado. Las investigaciones apuntan a que Lay Fung habría actuado de manera desproporcionada a la amenaza que constituía el ladrón, quien habría resultado un padre de familia ejemplar y único sostén de la familia. Recientemente se habría capturado a un cómplice del finado delincuente -un gato techero de amplio prontuario(1)- quien cumplía con la arriesgada labor de distraer la atención del can en cuestión, para que su secuaz realizara el hurto sin mayores complicaciones. Fun se habría percatado de este hecho rápidamente, por lo que no le prestó la mayor atención al minino -quien se desvivía en piruetas y malabares para llamar la atención de Fun- y esperó pacientemente a que el ladrón bajara. El resultado lo conocemos todos. Actualmente el felino se encuentra detenido en la carceleta del Poder Judicial, a la espera de rendir su testimonio sobre los hechos ocurridos. Su abogado ha presentado un recurso para que el interrogatorio esté a cargo de la DININCRI y no de la policía canina, como suele ocurrir en estos casos.
Muchas voces han dejado escuchar sus pareceres en torno al destino de Fun. Los dueños manifiestan que se encontraba debidamente adiestrado en maniobras de defensa y resguardo y que habría respondido a un ataque previo del delincuente. Sociedades protectoras de animales han protestado debido a la posibilidad de sacrificar a Fun. Se rumorea que se estaría organizando una marcha -la misma que resultaría más concurrida que la convocada en contra del TLC- que tendría como objetivo alcanzar las inmediaciones del Poder Judicial.

El APRA, por su parte, ha denunciado que estos incidentes no serían otra cosa que una cortina de humo dirigida a distraer la atención pública del proceso de transición, especialmente en lo que se refiere a las "bombas de tiempo" que este gobierno le estaría dejando al próximo. Jorge del Castillo ha declarado tener pruebas de vínculos de Lay Fun con miembros del partido de la chakana. "El señor Fun -señaló Del Castillo- habría servido bajo otro apelativo como resguardo personal de congresistas y funcionarios del gobierno". Adicionalmente, señaló el vocero aprista, dos de los ocho hermanos de camada de Fun son miembros de la división canina de la Policía Nacional del Perú y recientemente habrían sido ascendidos -de manera irregular- al rango inmediato superior en el escalafón policial. "Estos hijos de perra deberán demostrar con qué dinero han adquirido los bienes que se registran en el padrón canino de sus distritos de residencia", añadió Del Castillo.
Por su parte, el presidente Toledo negó cualquier posibilidad de dichos vínculos: "Quiero decirlo enfáticamente: -dijo Toledo - tengo el más profundo respeto por Lay Fun y de ninguna manera se debe exponer en la tribuna política un caso que únicamente concierne al Poder Judicial". La preocupación en los sectores políticos es evidente. En medio de la polémica, el Primado de la Iglesia Peruana, Cardenal Juan Luis Cipriani, hizo una oportuna invocación a la mesura: "Los perros -señaló el purpurado- también van al cielo y sus derechos no son ninguna cojudez".
Para terminar, no olvidemos lo ocurrido hace unos días en la avenida Javier Prado, en San Isidro: un empresario disparó a quemarropa contra un presunto delincuente que habría intentado secuestrarlo. Renombrados juristas sostienen que el veredicto del Poder Judicial en el juicio a Lay Fun sentaría jurisprudencia para dicho caso.
(1) El felino tenía orden de captura por los delitos de homicidio y apropiación ilícita. Se le acusa de haber asesinado a un terrateniente para apoderarse de sus tierras y de su palacio. Su cómplice, un jovenzuelo a quien el gato presentaba como "Marqués de Carabás", aún se halla prófugo. (Nota de la redacción)